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Rendir cuentas como método de gobierno

  • Foto del escritor: Javier Jileta
    Javier Jileta
  • hace 17 horas
  • 2 min de lectura

Resultados que invitan al diálogo

Las cifras presentadas dibujan un panorama de avance sostenido. La presidenta reportó que Pemex redujo su deuda en 20 mil millones de dólares y procesa más de 1.3 millones de barriles diarios. En materia eléctrica, se incorporaron seis nuevas plantas de ciclo combinado con capacidad de 3 mil megawatts, y la meta es elevar la participación de las energías renovables del 24% al 38% de la generación nacional hacia el final del sexenio. A ello se suman 13 mil 893 comunidades que recibieron electricidad por primera vez. Cada uno de esos datos representa, en última instancia, una decisión sobre cómo distribuir el futuro.

Conviene leer estos números en su dimensión humana. Trece mil comunidades electrificadas significan escuelas que pueden conectarse, clínicas que conservan medicamentos en frío, talleres que extienden su jornada productiva. La equidad territorial se construye precisamente así: llevando infraestructura básica adonde el mercado, por sí solo, nunca tuvo incentivo para llegar. El informe de Sheinbaum sitúa este principio en el centro de su narrativa energética, y es un terreno fértil para el diálogo constructivo sobre cómo sostener ese ritmo.

La rendición de cuentas como capacidad institucional

Los países que consolidan su desarrollo comparten una característica: convierten la transparencia en rutina. Nueva Zelanda institucionalizó reportes de desempeño gubernamental con indicadores medibles que permiten al ciudadano contrastar promesa contra resultado. México tiene la oportunidad de codificar sus ejercicios de rendición de cuentas en una arquitectura institucional permanente, con métricas comparables año con año y acceso abierto a los datos que sustentan cada afirmación.

Esa es la frontera natural del ejercicio. Un informe gana fuerza cuando sus cifras pueden ser auditadas por terceros, cuando el dato presentado en una plaza pública se acompaña de la base metodológica que lo respalda. La certidumbre que genera un gobierno no proviene únicamente de sus logros, sino de la verificabilidad de sus afirmaciones. Avanzar hacia tableros públicos de seguimiento, con información desagregada por región y sector, fortalecería la confianza y daría densidad técnica a cada informe de Sheinbaum y de las administraciones que sigan.

Una práctica para consolidar

El reto hacia adelante es de articulación: que la rendición de cuentas no dependa de la voluntad de quien gobierna, sino que se vuelva obligación institucional con estándares claros y datos abiertos. La inversión en infraestructura energética, la reducción de deuda de Pemex y la electrificación de comunidades olvidadas son avances que merecen continuidad, y la mejor manera de protegerlos es haciéndolos medibles en el tiempo.

El informe de Sheinbaum, leído con vocación constructiva, confirma una idea que conviene a todo el país: el futuro de México se planea, se mide y se rinde. Una democracia madura no se conforma con celebrar resultados; los documenta, los compara y los pone al alcance de todos. En esa ruta, gobierno y ciudadanía pueden converger hacia un Estado que ordene con visión, distribuya con justicia y rinda cuentas con certidumbre.


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 2020 by Javier Jileta

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