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El agua como fuente del bienestar

  • Foto del escritor: Javier Jileta
    Javier Jileta
  • hace 1 día
  • 2 min de lectura

La gestión hídrica en México lleva décadas ocupando el lugar equivocado en la agenda pública: el de emergencia recurrente, pero no el de política estratégica. El Programa Nacional Hídrico 2026-2030, publicado recientemente en el Diario Oficial de la Federación, ofrece una oportunidad para corregir esa inercia. Tiene 5 objetivos, 20 estrategias y 75 líneas de acción. Lo que determina si eso basta es la calidad de la coordinación institucional que lo respalde.

Un recurso que sostiene todo lo demás

La agricultura consume cerca del 76% del agua nacional, según estimaciones de Conagua e INEGI. Dieciséis entidades federativas registran sequía severa. Y al mismo tiempo, México busca consolidarse como destino de inversión industrial en un momento en que la reconfiguración de cadenas productivas globales ofrece una oportunidad histórica. Esa combinación tiene una implicación directa: sin certidumbre hídrica no hay parques industriales funcionales, no hay ciudades competitivas, no hay seguridad alimentaria. El agua no es un insumo sectorial; es la infraestructura transversal del desarrollo territorial.

Israel, con condiciones climáticas severas, convirtió la escasez en política industrial: tecnificación del riego, reutilización de aguas residuales y gobernanza de cuencas articulada entre niveles de gobierno. El resultado no fue solo eficiencia hídrica, sino competitividad agrícola sostenida. México tiene cuencas, capacidad institucional y una nueva ley general de aguas publicada en diciembre de 2025. Tiene los instrumentos. Lo que requiere ahora es la arquitectura institucional que los haga operar de manera coordinada.

Coordinación como condición

El gobierno federal destinó 2,600 millones de pesos a infraestructura hídrica en el Valle de México en abril de 2026. Es un paso concreto. El reto de fondo, sin embargo, trasciende la inversión puntual: implica que los tres niveles de gobierno operen con datos compartidos, con calendarios articulados y con mecanismos que eviten que una obra de riego en Sonora o una planta de tratamiento en Jalisco queden desconectadas de la planeación urbana o industrial de su entorno. La rectoría del Estado en materia hídrica existe en el marco legal. Ejercerla con eficacia es el siguiente paso.

Detrás de una presa rehabilitada, un acuífero protegido o una red de riego tecnificada hay una decisión ética sobre qué tipo de país queremos construir. La gestión hídrica en México puede convertirse en el eje silencioso de la prosperidad compartida, siempre que se trate como lo que es: infraestructura de soberanía, no solo respuesta a la crisis. El Programa Nacional Hídrico 2026-2030 es el mapa. La coordinación institucional es el camino.

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 2020 by Javier Jileta

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