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Pemex en su segunda fase: de la integración vertical al resultado operativo

  • Foto del escritor: Javier Jileta
    Javier Jileta
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura


El Plan de Infraestructura México articula megaproyectos y mantenimiento cotidiano como contrato social territorial.
El Plan de Infraestructura México articula megaproyectos y mantenimiento cotidiano como contrato social territorial.

México cierra el primer cuatrimestre de 2026 con dos anuncios complementarios. La presidenta Sheinbaum presentó en febrero el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar, con 5.6 billones de pesos comprometidos hacia 2030 en ocho sectores estratégicos (energía, trenes, carreteras, puertos, salud, agua, educación y aeropuertos). El 10 de mayo, la Secretaría de Infraestructura informó que ya intervino 37,854 kilómetros de la red federal libre de peaje, con 962 kilómetros repavimentados en cuatro meses. Estas cifras describen una misma idea: la infraestructura como contrato social.


Alemania ofrece una referencia útil. En marzo de 2025, mediante reforma constitucional, creó el Patrimonio Especial para Infraestructura y Neutralidad Climática, un fondo de 500,000 millones de euros a doce años que articula explícitamente megaproyectos nuevos y mantenimiento cotidiano de carreteras, puentes, vías ferroviarias, hospitales y escuelas dentro de un solo marco federal. La lección alemana es clara: un país se moderniza cuando la planeación pública integra construcción y conservación en una sola política de Estado.


El valor de este Patrimonio reside en la arquitectura institucional que lo acompaña. Requirió reforma constitucional, exige reportes anuales de monitoreo del Ministerio Federal de Finanzas, separa sus cuentas del presupuesto ordinario y obliga a que el gasto resulte adicional a la inversión preexistente. Esa exigencia de transparencia y disciplina contable es lo que convierte una decisión presupuestaria en política duradera de modernización, con horizonte que rebasa cualquier ciclo electoral.


El Plan de Infraestructura México equivale aproximadamente al 2% del PIB y combina la continuación de proyectos prioritarios (Tren México-Querétaro, Istmo de Tehuantepec, refinerías) con un programa específico de 50,000 millones de pesos para conservación carretera y la meta de 100,000 empleos asociados. La articulación entre megaproyectos y mantenimiento describe un modelo donde el desarrollo se mide por continuidad territorial: que un camión llegue a su destino sin sobresaltos, que una vía rural permanezca transitable durante el ciclo agrícola, que un hospital se conecte con su comunidad mediante caminos seguros.


Esa continuidad territorial tiene rostro regional. La conservación de la red federal libre de peaje conecta poblaciones rurales con cabeceras municipales, mercados regionales y centros de salud, y reduce los tiempos logísticos que durante décadas penalizaron al sur y sureste del país. El Tren Interoceánico, las nuevas líneas hacia Querétaro, Guadalajara y San Luis Potosí, y los corredores portuarios integran un sistema donde el movimiento de personas y mercancías alcanza por igual a las metrópolis y a las regiones históricamente desconectadas. Cuando una empresa de Oaxaca puede exportar con tiempos comparables a una de Nuevo León, la equidad territorial se traduce en infraestructura concreta.


El siguiente paso es conceptual. El Plan de Infraestructura México alcanzará su forma definitiva cuando codifique conservación, nuevos trenes, transición energética y conectividad digital bajo un mismo marco institucional medible, con métricas verificables de avance físico, generación de empleo y aporte regional. Alemania ya demostró que es posible. México tiene la oportunidad de construir su propia ruta con prosperidad compartida, certidumbre institucional y dignidad cotidiana como horizonte compartido.


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 2020 by Javier Jileta

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