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Chapultepec 2026: el capital ético que México empieza a construir en la era de la IA

  • Foto del escritor: Javier Jileta
    Javier Jileta
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Los Principios de Chapultepec sobre inteligencia artificial: la apuesta de México por una soberanía normativa global.
Los Principios de Chapultepec sobre inteligencia artificial: la apuesta de México por una soberanía normativa global.

En medio de la disputa global por las reglas que ordenarán la inteligencia artificial, México acaba de dar un paso que conviene leer con detenimiento. Los Principios de Chapultepec sobre inteligencia artificial son un decálogo de ética y buenas prácticas para el desarrollo y uso de la IA en México, impulsados por la Secretaría de Ciencia y la Agencia de Transformación Digital (ATDT). Son la primera pieza de una estrategia que reconoce algo que pocas potencias han entendido a tiempo: en la era de la IA, la capacidad normativa es también una forma de soberanía.


El mundo atraviesa una disputa abierta por el marco que ordenará el desarrollo de esta tecnología. Estados Unidos empuja un modelo centrado en el mercado y la innovación acelerada. La Unión Europea consolida su AI Act desde la protección de derechos. China avanza un esquema con fuerte rectoría estatal y énfasis en estabilidad social. Entre estos tres polos, el espacio para una cuarta vía (latinoamericana, ética, pluralista) está abierto. La Cumbre de Nueva Delhi de febrero, donde 89 países firmaron una declaración centrada en democratización y desarrollo, confirmó que existe apetito internacional por propuestas que no repliquen mecánicamente los modelos dominantes.


México llega a esta conversación con activos reales. El liderazgo de José Merino al frente de la ATDT ha permitido articular una agenda de gobierno digital con pertinencia pública y visión de largo plazo. La decisión de la presidenta Sheinbaum de asignar a la Secihti la coautoría de los Principios de Chapultepec sobre inteligencia artificial revela una convicción: la inteligencia artificial debe pensarse desde la ciencia, la ética y la rectoría pública, articuladas en una misma arquitectura institucional. El principio más discutido del decálogo: que una decisión que no puede explicarse no debería automatizarse, funciona como base operativa de un régimen regulatorio defendible y convergente con los estándares europeos más exigentes.


El nombre, además, no es casual. La Declaración de Chapultepec de 1994 convirtió a México en referente hemisférico en libertad de expresión. Los Principios de Chapultepec de 2026 buscan repetir ese movimiento en un terreno donde las reglas globales todavía están por escribirse. Esa autoría normativa tiene traducción material: cuando un país codifica principios que luego son adoptados en foros multilaterales, gana posición, credibilidad y margen de maniobra en sus negociaciones comerciales y tecnológicas.


La tarea ahora es consolidar. Convertir los Principios en propuesta formal ante la OEA y la UNESCO. Articular con Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica un bloque latinoamericano con postura común en gobernanza de IA. Vincular el marco ético mexicano con el Acuerdo Global Modernizado UE-México como lenguaje regulatorio convergente, para dar certidumbre a la inversión y coherencia a la cooperación internacional. Cada uno de estos pasos transforma una declaración doméstica en arquitectura diplomática con valor estratégico.


La oportunidad es precisa. México puede sumar a su soberanía y productividad a través de una soberanía normativa en el terreno donde se decidirán las reglas del siglo XXI. En ese mapa, ciencia, tecnología y política exterior pueden trazar juntas una ruta que conecte innovación, dignidad y prosperidad compartida. Chapultepec, una vez más, como punto de partida.


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 2020 by Javier Jileta

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