Del estrecho de Ormuz a tu puerta: cómo afecta la guerra en Irán al comercio en México
- Javier Jileta

- hace 3 horas
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Amazon acaba de imponer un recargo de 3.5% por combustible a los millones de vendedores que usan su red logística en Estados Unidos y Canadá. La medida entra en vigor el 17 de abril. UPS y FedEx ya hicieron lo propio. El Servicio Postal estadounidense anunció un sobrecargo del 8%. La razón es la misma para todos: el cierre del estrecho de Ormuz ha disparado los costos de transporte a niveles que ninguna plataforma puede seguir absorbiendo sola.
Lo relevante no es el porcentaje. Es la cadena de transmisión que revela. Un conflicto militar a más de 12 mil kilómetros de distancia se convierte, en cuestión de semanas, en un costo adicional para el vendedor de artesanías en Oaxaca que despacha por FBA, para la pyme regiomontana que exporta autopartes vía comercio electrónico, para el consumidor que paga un poco más por cada paquete sin saber exactamente por qué. La guerra no necesita llegar a nuestro territorio para llegar a nuestro bolsillo.
Este tipo de disrupciones no son nuevas. Amazon aplicó un recargo similar en 2022, cuando la invasión rusa a Ucrania elevó el barril por encima de los 100 dólares. Lo que sí es nuevo es la frecuencia. Dos crisis energéticas globales en cuatro años, ambas con impacto directo sobre la logística del comercio digital. El patrón es claro: la economía del siglo XXI opera sobre infraestructura física (camiones, barcos, combustible) que sigue siendo tan vulnerable a la geopolítica como lo era en 1973.
Para México, la lección va más allá de la coyuntura. El país tiene una posición geográfica privilegiada que lo convierte en puente natural entre Asia, Norteamérica y América Latina. El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, la red portuaria del Pacífico y el Golfo, la infraestructura ferroviaria en expansión y la proximidad con el mayor mercado de consumo del mundo configuran un ecosistema logístico con potencial estratégico enorme. Pero potencial no es lo mismo que capacidad operativa.
Lo que hace falta es articular esas piezas dentro de una visión de soberanía logística: no depender de una sola plataforma, de una sola ruta, de un solo modelo de distribución. Eso implica invertir en centros de distribución nacionales con estándares internacionales, fortalecer la conectividad intermodal, y ofrecer a los emprendedores mexicanos alternativas que no los dejen a merced de cada recargo que imponga una empresa extranjera cuando el petróleo sube.
El futuro del comercio no se define solo por algoritmos y plataformas digitales, sino por quién controla la infraestructura que mueve los bienes del punto A al punto B. México puede ser nodo o puede ser periferia. La diferencia está en convertir la geografía en política pública y la política pública en certidumbre para quienes producen, venden y compran todos los días.




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