Nearshoring 2.0: del entusiasmo logístico a la infraestructura estratégica
- Javier Jileta

- hace 7 horas
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Durante los últimos años, el nearshoring dejó de ser una hipótesis para convertirse en una realidad tangible. Nuevas plantas, parques industriales en expansión, anuncios de inversión récord y una creciente relocalización de cadenas productivas han confirmado que México es un actor central en la reorganización económica de Norteamérica.
Pero si la primera etapa del nearshoring estuvo marcada por el entusiasmo logístico (ubicación geográfica, tratados comerciales y costos competitivos), hoy entramos en una segunda fase más profunda: la del nearshoring 2.0 México, donde la infraestructura estratégica es el verdadero diferenciador.
México no llega tarde a esta etapa. Al contrario: llega con bases sólidas ya en construcción.
De la ventaja geográfica a la ventaja sistémica
La cercanía con Estados Unidos y el T-MEC siguen siendo activos fundamentales. Sin embargo, las empresas globales ya no evalúan únicamente distancias o tiempos de entrega. Evalúan estabilidad eléctrica, disponibilidad de agua, capacidad ferroviaria, digitalización de trámites, certeza regulatoria y alineación energética.
Ahí es donde el trabajo reciente en planeación vinculante y fortalecimiento de infraestructura cobra relevancia estructural.
El fortalecimiento de la Red Nacional de Transmisión, la modernización de subestaciones, la incorporación de nuevos proyectos de generación limpia y despachable, y la rectoría clara desde la Secretaría de Energía permiten algo crucial: anticipar la demanda industrial en lugar de reaccionar a ella. Como ya se ha señalado en la planeación energética nacional, la demanda eléctrica crecerá de manera sostenida en los próximos años. México conectado con energía y esa previsión es precisamente la que da certidumbre a la inversión productiva.
El nearshoring 2.0 no necesita improvisación; necesita capacidad instalada, planeación de largo plazo y coordinación institucional.
Energía como ancla de competitividad
En esta nueva etapa, la energía no es un insumo más: es la variable crítica. Los centros de manufactura avanzada, la electromovilidad, la industria de semiconductores, los data centers y la transformación digital requieren electricidad confiable, continua y con creciente contenido limpio.
La estrategia nacional ha entendido que fortalecer a CFE, coordinar al CENACE y consolidar la planeación energética no es una postura ideológica, sino una decisión de competitividad. La inversión en transmisión y almacenamiento no solo mejora la resiliencia; reduce riesgos operativos para quienes evalúan instalar capital productivo en el país.
Un inversionista no pregunta únicamente cuánto cuesta la energía; pregunta si estará disponible en cinco, diez y quince años. La existencia de instrumentos de planeación vinculante y actualización periódica ofrece justamente esa señal de estabilidad.
Infraestructura física y digital: el binomio decisivo
El nearshoring 2.0 también exige integración multimodal. Ferrocarriles, puertos, corredores logísticos y polos de desarrollo deben estar alineados con disponibilidad energética y conectividad digital.
La transformación digital del Estado, con plataformas más ágiles, ventanillas únicas y procesos transparentes, reduce fricción administrativa y acelera ciclos de inversión. En un entorno donde el capital global se mueve con rapidez, la simplificación institucional se convierte en una ventaja estratégica.
Ya no se trata solo de atraer empresas, sino de integrarlas a un ecosistema ordenado, donde transporte, energía y regulación operan bajo una misma lógica nacional.
Planeación como activo económico
Durante décadas, se pensó que el mercado por sí solo organizaría el desarrollo industrial. Hoy el mundo demuestra lo contrario: Estados Unidos, la Unión Europea y Asia impulsan políticas industriales explícitas. México no es la excepción; está construyendo un modelo propio basado en rectoría técnica, coordinación público-privada y visión de largo plazo.
La planeación energética vinculante, la modernización de infraestructura eléctrica y la articulación con proyectos ferroviarios y logísticos no son piezas aisladas: forman parte de una arquitectura que convierte al nearshoring en política estructural y no en coyuntura pasajera.
El entusiasmo logístico abrió la puerta. La infraestructura estratégica la está consolidando.
Nearshoring 2.0 significa pasar de la oportunidad geográfica a la capacidad institucional. Y en ese tránsito, México no parte de cero: está fortaleciendo las bases que permiten que la relocalización industrial no solo llegue, sino que permanezca.
Porque en esta nueva etapa, la competitividad no se mide solo en kilómetros, sino en kilowatts, en fibra óptica, en subestaciones, en reglas claras y en planeación con rumbo.




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