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  • Javier Jileta

Tránsitos geo-económicos. México y sus oportunidades.

Las condiciones de inestabilidad global se miden en función del riesgo país. Los economistas utilizamos la tasa de interés como barómetro para medir en un solo indicador la situación de un país y compararlo con otros. A través de este simple indicador, es posible hacer una serie de inferencias que pudieran dar claves hacia donde los mercados o el pensamiento agregado económico cree podría suceder. Habemos quienes hemos sido formados en economía neoliberal y también heterodoxa que conjuntamos nuestros conocimientos con preceptos básicos de la geografía con lo que se nos permite relajar postulados, axiomas y dogmas a fin de proveer escenarios más amplios. Sin duda, este proceso tiene la peculiaridad de generar visiones a veces fantasiosas, aunque muchas veces … suelen ser las más acertadas en contextos de alta incertidumbre.

 

Conforme los mercados financieros han evolucionado en el mundo, una élite global ha sido capaz de generar homogeneidad en las expectativas de la realidad geoeconómica. Este proceso de economización, que ha afectado desde la propia ciencia económica hasta la sociología (numerizándola), reduce la experiencia humana a factores y sistemas matemáticos que son altamente vulnerables a cambios de paradigma sociales. Tal es el caso de la guerra en Ucrania, la potencial invasión a Taiwán, y el tránsito energético global. De tal suerte que si se toma una visión relajada de preceptos económicos y cánones financiero-sociales… propongo los siguientes escenarios.

 

En relación a la situación entre EEUU y México, estamos frente al cambio potencial más importante en la historia del México postrevolucionario. A pesar de la constante reticencia de la sociedad mexicana contra la indoctrinación estadounidense, las generaciones actuales funcionan y aceptan con facilidad la forma de vida del vecino, así como buscan ser integrados a los procesos de producción y subsistencia. Este cambio idiosincrático ha pasado desapercibido por las élites de izquierda, que a su vez niegan y reniegan de nuestra alta integración socioeconómico-cultural pero no tienen narrativa que se pueda oponer. Por consiguiente, avanza un sentimiento de pan-noramericanismo en la región; basta observar la ferviente y asesina oposición de grupos supremacistas que observan la inevitabilidad de dicha integración.

 

La hermandad comunitaria en la frontera México-Estadounidense hace que ciudades hermanas tengan destinos, problemáticas e ilusiones de vida comunes. El dolor de las mujeres asesinadas en Cd. Juárez fue compartido por El Paso. Ese sentir y resentir a las instituciones inoperantes y cómplices genera un sentimiento de solidaridad y hermandad en esa conurbación. Al avanzar en la unión regional, donde la frontera fue el testigo primordial del TLC, una trayectoria de hacia dónde transitaríamos cambió de destinos diferentes a unificados. El cambio estructural dado pasado el TLC donde la economía mexicana pasó de ser independiente de la de EEUU, a ser otra pieza clave, generó un destino económico común.

 

Al México ser parte del destino económico común, las variaciones cambiarias, de tasa de interés y del PIB comenzaron a acoplarse. Al punto que ahora observamos que el peso se comporta de manera altamente correlacionada con el dólar ante monedas externas. Además, nuestro país tiene la enorme fortuna de contar con una historia de apertura y tolerancia a culturas disímiles como también regiones opuestas. Nuestra cultura es de origen abierta y tolerante en su mayoría. Coincido que habrá la pigmentocracia, pero México es mucho más que eso. Con lo cual, si bien el vecino tiene necesidad de ejercer una superposición global, nosotros no la necesitamos. El diálogo y solvencia diplomática y económica de nuestro país hace posible que el país se convierta en la bisagra clave para articular canales efectivos con economías, élites y sociedades adversas pero útiles para el crecimiento de la visión norte americana compartida.

 

Si bien mi postura pro liberal en torno a la guerra entre Rusia y Ucrania es pública, lo que falta es constatar que México puede ser un puente de diálogo económico regional. Es decir, nuestro país puede facilitar opciones de tránsito de valor entre regiones no viables pero útiles para el vecino. Este transitar a su vez requiere de un esfuerzo claro de acercamiento económico puro (al inicio) con potenciales economías no alineadas como lo serán en poco China e India. Basta con observar el costo político y global que India está pagando por sostener y apoyar el régimen ruso a través de la compra de hidrocarburos para entender que se forma un nuevo sistema económico.

 

En el mismo sentido, siendo liberales, reconocer al diferente debe pasar por tener claras las fronteras ideológicas y programáticas de con quién se dialoga y por qué. México actualmente debe de abrir nuevas fuentes de diálogo en industrias estratégicas para generar cadenas de valor globales de emergencia cuando el vecino cierre el tránsito económico con ciertas naciones. Del mismo modo, como lo he hecho manifiesto en el diseño de los Atlas de Prosperidad que conceptualicé para ONU Habitat y ONUDI, el trabajo de acercamiento y atracción en el corto plazo de incipientes contactos y conexiones sociales con élites empresariales de Asia marcará el porvenir económico de nuestro país.

 

El inminente cambio de régimen en Taiwán y la poca preparación de occidente para proveer de las armas desde este momento hace necesario entender el contexto geoeconómico. La razón por la cuál EEUU tiene especial interés en mantener el régimen Taiwanés estriba en las potencialidades de semiconductores y sistemas de procesamiento de datos. Perdiendo el acceso privilegiado a sus proveedores, generará una destrucción en el corto plazo suficiente para hacer sucumbir las tecnologías de la información en occidente. Por lo que, el acercamiento estratégico a proveedores de semiconductores globales para acercarse a México es la mayor oportunidad de inversión y prosperidad para la región norteamericana y occidente en su conjunto.

 

Concluyo recordando que toda guerra tiene múltiples factores. Desde traumas personales, que SÍ importan, necesidades e intereses económicos como también lazos sociales y culturales todos estos se manifiestan en las decisiones de cúpulas. Soy un firme creyente en la paz y prosperidad compartidas, eso no borra la enorme claridad de ver la oportunidad geoeconómica que tiene nuestro país de convertirse en punta de lanza global como tierra neutral para el desarrollo de las tecnologías del futuro.

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